sábado, 30 de julio de 2011

Despertares



Queridos hijos:

Los bebés no vienen de París. Quizás el hijo de la Carla y el Sarkozy y otros cuatro escogidos más sí, pero el resto suelen ser fruto o de la inseminación artificial o de la práctica del sexo, en sus dos versiones: la Pronto de Johnsons ( echamos un polvo y desaparezco) o aderezados con amor, ternura, compromiso y ... placer ( modalidad con varias denominaciones según gustos: la Walt Disney, la Vaticano II, La Contigoapanycebolla, por citar algunas).

El sexo tiene una parte mecánica y otra parte emocional. A menudo suelen ir ambas intimamente unidas, pero ni siempre es así, ni tampoco es necesario.( No me miréis así, nadie dijo que fuera fácil hablar de estas cosas). La parte mecánica es como la que estáis acostumbrados a ver en los documentales: el pavo macho le muestra la cola de vibrantes colores y la orgullosa cresta a la pava y si ésta lo tiene a bien, se aparean juntando sus cloacas. Los humanos nos apareamos con el pene y la vajina, nos acercamos a la hembra con las llaves del Ferrari en la mano y si la hembra lo tiene a bien nos apareamos introduciendo el pene en la vajina de la hembra. En el acto de apareamiento el chico introduce en el cuerpo de la chica un fluido llamado esperma que viaja por el interior del cuerpo de la chica hasta llegar a un órgano que se llama óvulo y, si lo fecunda, surge un embrión que se acomoda en el vientre de la madre y que va creciéndo y formándose para convertirse en un prometedor contribuyente nueve meses más tarde ( ¿ en qué parte dices que te has perdido?).

La parte mecánica no tiene mucha historia, Campanilla misma os lo puede explicar con más detalle. ( No me mires así, ¡alguien lo tiene que hacer! Anda, ve sacando unos gráficos).Donde merece la pena demorarse es en la parte emocional de la práctica del sexo.

En la generación de mis padres la práctica del sexo estaba íntimamente ligada a la proceación. Se practicaba sexo sólo con el fin de tener hijos. En nuestra generación hay gente que lo sigue practicandolo con el mismo objetivo, pero otra mucha gente lo practica por el puro placer de estar juntos, de mostrarse afecto mutuo, de afianzar su relación, de disfrutar de su cuerpo y de el de la persona que quieren y desean. A veces oiréis a gente que condena toda práctica del sexo si no es para procear, encontraréis gente que dicen que ciertas prácticas sexuales son pecado. No les hagáis caso. Si los dioses no quisieran que fornicásemos no habrían metido tantas hormonas en una cocktelera. El sexo nunca jamás tiene nada de malo siempre que el consetimiento sea mutuo y prime el respeto. Tened siempre presente estas dos palabras: respeto y consentimiento. Jamás toqueís a nadie que no quiera ser tocado ni permitaís que nadie os toque un pelo en contra de vuestra voluntad. Esta norma es la única que debe ser inquebrántable. ( También os sucederá que alguien esté rabiosamente consintiendo y vosotros a uvas, pero ese es otro cantar)

El sexo se puede practicar a solas y acompañado. Las posibilidades del sexo "a solas" o "single" la conocéis bien, no es necesario promocionarlas más,( a propósito, ¿ os importaría dejar de tocaros el manubrio mientras os estoy hablando?).El sexo en pareja veréis que puede practicarse entre chico y chica, pero también os encontraréis que en ocasiones también hay chicos con chicos y chicas con chicas.

Es posible que hayáis empezado a sentir ya algún tipo de atracción por otras personas, aunque a vosotros mismos es cueste identificar la naturaleza de esa atracción y la tapéis con palabras, juegos de patio, suspiros y mucha confusión. Nos ha pasado a todos. Esa atracción puede ser un conato de amor. El amor es ese punto en que convergen la parte mecánica y la parte emocional del sexo. Os advierto de que se trata de una contaminación química de primera magnitud: os deja la sangre llena de porquerías. Y para ser una contaminación nos pasamos todo la vida deseando que ese estado perviva el mayor tiempo posible o por lo menos que se repita tantas veces pueda. La vida en pareja es el arte de la alquímia.

Si de algo os sirve mi experiencia os resumiría lo dicho en una sola palabra:/KONSENTIDO/; en sus dos modalidades: junto, consentido; o separado, con sentido. Os irá bien.

domingo, 17 de julio de 2011



Para M. para I, para E, para C.

La mente de la Reina de Saba ya se limita a funcionar como una espiral que en cada vuelta se va estrechando más y más, siempre en círculo, cada vez más angosta, que se acorta a cada paso y en el camino, como naúfrago en busca de tabla salvífica, va buscando siempre las mismas piedras con las que tropezar. " Y entonces dijo: no te enfades con él, que es bueno y no lo volverá a hacer", ó " qué ganas tengo de ver a tus chavales", o, " tu naciste antes de venir de LB, ¿ verdad?", o "Priscila tiraste un peu", o " mirar el pañuelo moquero como si contuviera perlas",o... En la reiteración está el sentido y la ilusión de la memoria perdida.

Cada vez resulta más difícil. Sin entrar en más detalles. Tan sólo menionar uno. Mujer de misa diaria ha empezado a olvidar sus oraciones. Se mantiene la música, el soniquete, pero ya empieza a fallar la letra. Sería hasta divertido sino fuera un síntoma más de las deshumanización. Hace tiempo que está asumido y jamás se oyó lamento, queja, ni flaqueza, pero es un enfermedad cruel y agotadora.

El tributo: cuando murió el monarca consorte hace casi treinta años dejó en herencia la responsabilidad de sacar adelante cinco hijos, cuatro bajo el mismo techo y tres sin ingreso económico alguno. Poco más. (En lo material, conviene puntualizar). Salió victoriosa del empeño. No me gustan las historias del pobre, del esfuerzo y del sueño americano, pero hemos visto salir a la Reina de Saba muchas mañanas de casa con la determinación, una honradez a prueba de bombas y el Espítitu Santo de su parte. Visto lo visto, la doña se hubiera merecido otra vejez, otro descanso.

Lo que más me duele es que el recuerdo que de ella se lleven Cascarrabias´ Kid y el Agente Naranaja no le hará justicia.

lunes, 11 de julio de 2011

Teletransportacion



Mi licencié en física por la Universidad de Oviedo. La física no tiene mucho tirón en el mundo laboral y yo nunca he sido muy emprendedor, por eso decidí prolongar mi vida académica "ad aeternum" o , por lo menos, el tiempo que durara mi tesis doctoral. Luego me marché a hacer el postdoc a la Universidad de Bochum. Allí me metieron en un departamento que investigaba sobre teletransportación; ya saben, eso que sale en las pelis de ciencia ficción que ahora estás aquí, das a un botón y viajas en el espacio de manera inmediata, sin importar la distancia y sin emplear aparentemente medio de transporte alguno. ¡Joer, me dije, estos están todos tarados, esto es lo mío! Para mi sopresa la teletransportacion tiene una base teórica de lo más sólida pero sin grandes resultados prácticos, como la filosofía, que enuncia la felicidad pero es incapaz de invocarla. El tema me interesó desde el primer momento y entre la panda chiflados, algún ingeniero mecánico que se sumó al grupo, dos matemáticos más y las habilidades de un hacker, fuimos desarrollando una máquina capaz de teletransportar los objetos. Los fracasos se concatenaron uno detrás de otro. Ya ni los contábamos, tampoco tomábamos notas. Mal hecho. Cuando por fin vimos un poco de luz y quisimos publicarlo en la revista "nature" la mitad del artículo lo tuvimos que inventar y la otra mitad confiarlo a nuestra memoria. En fin, un desastre. Los de la revista "nature" y el mundo científico en general no dieron ningún crédito ni a nuestro artículo ni a nuestro éxito. No me extraña. Estaba redactado con el culo.

La primera vez que lo conseguimos, casi me meo encima. Lo habíamos probado con todo tipo de objetos: ¿ qué vamos a achicharrar hoy?, nos decíamos, pero lo conseguimos con un trozo de tela. Pasó de un lado de la máquina al otro lado de la máquina sin que mediara contacto físico entre un estado y otro, movimos un objeto de un lugar a otro molécula a molécula. 15 centímetros de gloria. El trapo, al otro lado, era exactamente igual al que había partido del otro lado del experimento, quizás mantenía cierta rigidez, como un toalla que se nos ha caido al mar y al secarse mantiene la rididez de pergamino por el salitre.

El segundo objeto que conseguimos teletransportar fue una barrita de aluminio. Fue un hito por la dureza del objeto. No era acero, de acuerdo, pero era lo suficientemente rígido y duro para suponer un paso más y no menor. El objeto que partió era rígido, el que llego parecía estrobado, las moleculas se habían expandido, habían aumentado de tamaño, la aguja mantenía la misma forma, el mismo tamaño, el mismo peso específico, pero había adquirido cierta maleabilidad, vamos, que se doblaba. Estábamos tan entusiasmado que nos pareció un detalle insignificanete, una bagatela. Lo omitimos en el artículo subsiguiente.

El primer ser vivo que teletransportamos fue un gusano. Aquello trajo una gran crisis en el seno del grupo, la mitad hubiera preferido que se hubiera probado con la mosca del vinagre, pero las moscas vuelan y podían poner en peligro la credibilidad del logro. La mosca del vinagre tiene un lugar señero en el mundo científico, pero no queríamos que se pusiera en tela de juicio el éxito del experimento alegando que el insecto volador bien había podido desplazarse autónomamente de un lado a otro. Natural. Los resultados obtenidos con el experimento del gusano nos costó mucho analizarlos. Aparentemente era el mismo gusano, pero ninguno de nosotros hablaba su idioma con corrección, si acaso, los más tiquismiquis, percibían una mayor palidez en la superficie del anélido. Dicícil de saber quién tenía razón.

En la universidad alemana llamaban a nuestro departamento la generación perdida, luego, cuando los gritos y los aullidos que salían de nuestro laboratorio por los éxitos cosechados, la casa de los orates o el mausoleo de los lunáticos, más tarde, cuando salió publicado el artículo en "nature", la gente al cruzarse por los pasillos sencillamente meneaba la cabeza sin compasión: éramos un caso perdido. Este tipo de cosas sólo pasarían en países como Alemania. A pesar de los pesares nunca, jamás, nos retiraron la financiación y cuando solicitamos un aumento de fondos - necesitábamos construir una máquina más grande- ¡joer!, nos lo dieron.

En la segunda máquina cabía un pepino. Lo desplazamos más de dos metros. La distancia, constatamos, no era un problema, por lo menos, calculamos, hasta 10 ó 15 metros, para más distancia deberíamos conseguir financiación para una máquina aún más grande. La consistencia de los objetos y su composición traían algún problema más. El pepino estaba aparentemente perfecto. Lo partimos y mantenía todas las propiedades, lo mandamos al laboratorio a que lo analizaran y los resultados fueron espectaculares- ¡ es un pepino!, ¡ so capullos! ¿ qué esperabais?- , nos espetaron cuando nos lo devolvieron. Luego nos lo comimos. El juguete estaba bien, pero nos cansaba un poco. En el fondo sabíamos que hasta que no lo probásemos con éxito con un animal superior, era marear la perdiz.

La tercera máquina la estrenó un mono. Luego lo intentamos con una vaca, pero no el entraba el culo en la máquina. Para adquirirla tuvimos que echar mano de la inestimable visión para los negocios del hacker. Luego nos cegó la ambición y la ansiedad. También sufrimos la chantaje del hacker. El muchacho se presentó voluntario para probar la máquina. Quería ser el primero, pasar a la historia, decía. Sus argumentos eran incontestables. La Historia debe estar todavía carcajeándose de él. No debimos hacerlo sin haber contrastado todos los resultados de los cientos y cientos de experimentos que habíamos realizado. Aparentemente el experimento fue también un éxito. El hacker que mandamos a la habitación de al lado era el mismo, la ropa tenía incluso los mismos lamparones, no le detectamos ni la rigidez de la tela, ni la maleabilidad del aluminio, si acaso sufría del mismo efecto que el pepino, que cuando lo probamos no tenía sabor. En algún lugar intermedio entre la estación de partida y la de destino, se habia quedado el alma, la memoria, los pensamientos... También comprobamos que la máquina podía llevarte al mismo sitio del que habías partido, o a cualquier otro tantas veces como quiseras, pero el viaje en sí era irreversible, no tenía vuelta atrás.

¡A ver qué le contamos ahora a los de la revista "nature"!

Libro recomendado: Roger Pensrose , "La nueva mente del emperador".

jueves, 30 de junio de 2011

Dignidad



La dignidad es una fina pátina que recubre nuestro cerebro, activa la conciencia y la proyectamos por los ojos. Cuando nacemos tenemos en el cerebro toneladas de dignidad. Un bebe cuanto te mira te hace mejor persona de lo que en realidad eres. Eso también es la dignidad, reconocer con nuestra mirada la excepcionalidad del otro.

A medida que crecemos la patina se va desgastando y la luz con la que juzgamos al prójimo se apaga. El barniz que activa nuestra conciencia, que hace que unos y otros nos veamos únicos como especie, no se regenera. Si lo pierdes, perdido está. Algunos, muchos, la conservan hasta que se mueren; otros la pierden a las primeras de cambio. Mantenerla depende de la voluntad, del coraje y de la educación. La dignidad es un bien valioso y frágil que requiere cuidados intensivos. Es un ecosistema historicamente amenazado.

Últimamente se multiplican las noticias de jóvenes que atacan a mendigos, de homosexuales insultados, de inmigrantes despreciados, mujeres maltratadas. Pongan ustedes todos los ejemplos que quieran y no se olviden de los campos de concentración, de la matanza de Srebrenica, del narcotráfico en Méjico, de las torturas y de los países que siguen aplicando la pena de muerte. Abran cualquier periódico. Cojan cualquier libro de historia.

Las sociedades que aceptan y permiten el maltrato humano han perdido la dignidad. Sus cerebros están secos. A mi personalmente me alarma la de los jóvenes de buena familia, que visten de marca, estudian en las mejores universidades y queman a sus iguales en los cajeros los fines de semana "por divertirse".

Libro Recomendado: Mario Vargas Llosa, " El sueño del Celta".

lunes, 27 de junio de 2011

Por fin solos



¡Se han ido!, ¡ dos semanas!, ¡ con los abuelos!, ¡ no me lo puedo creer!, ¡ han pasado veinticuatro horas y aún no les echo de menos!. ¿ Querrá decir algo?

Por si acaso, y como los abuelos ya están mayores y a lo mejor el próximo año nos interesa repetir la experiencia de endosarlos un par de semanas, se han ido con el catecismo bien aprendido.

La abuela no es...
... un mando a distancia!!!!
Por las mañanas al levantarse hay que...
... hacer la cama!!!
A la hora de la comida...
...se pone la mesa!!!
Y luego...
... se recogen los platos!!!
Cuando os cambiéis en la habitación...
... recogemos la ropa, no dejamos los calzoncillos por el suelo!!!

Con que hagan esas cuatro cosas y obedezcan un poco nos damos por satisfechos. Luego había un par de instrucciones particulares. Por ejemplo el Agente Naranja debe esforzarse por comer lo que le pongan y Cascarrabias´Kid no debe acosar a los abuelos a todas horas para que juegen a lo que él le apetezca, cuando le apetezca y tantas veces como le apetezca. Puede ser tenaz, créanme.

También, ya que compartiran las vacaciones con su primo Alex, con quien las relaciones pueden oscilar del cielo al infierno en cuestión de segundos, tenían permiso para discutir con él un máximo de tres veces en las dos semanas, y sin manos, sólo gritos. ( Riéte tú de las negociaciones del Tratado de Maastricht, del Tratado de Utrecht, el de la negociación colectiva o la Reforma del Mercado de Trabajo) Aficionados.

viernes, 10 de junio de 2011

Cuarenta y tantos



Estoy en esa edad en que empiezo a manejar con destreza de espadachín palabros como : achaque, dispepsia, halitosis, hemorroide, alopecia, presbicia, próstata. Estoy en esa edad que cuando giro la cabeza para admirar un buen trasero las muchachas me miran con el desprecio que sólo se dedica a los viejos verdes. Estoy en esa edad en que veo un peine y me consume la nostalgia. Estoy en esa edad en que cuando me encuentro a un anciano delante de un escaparate donde venden viagra sé que estoy presenciando una representación de mi futuro más próximo.

Pero no os equivoquéis, porque las apariencias engañan. Sé que estoy en el mejor momento de mi vida. A todos los niveles. Me encuentro a gusto dentro de ( la ruina) de mi cuerpo, laboralmente mantengo la velocidad de crucero, disfruto mi tiempo laboral y mi tiempo de ocio y el apetito sexual es insaciable, (otra cosa es la calidad de los guisos). Cultivo la amistad como el esmero de un jardinero ante una planta exótica. Me siento reconciliado con el mundo y con toda la recua de friquis que lo habitan. Me siento vivo y despierto y tengo todas las luces encendidas y quemando kilovatios a los bestia. Me siento pesado y seguro como los hipopótamos que salen en los documentales que ven mis hijos por la tele. ¿ Veis con qué gracilidad meneo la colita?

Bueno. También a los cuarenta y tantos me ha dado por hacer cosas raras. Debe ser eso que llaman " la crisis de los cuarenta". Hace dos años me hice un curso de buceo y este año me he dado por prácticar el Rugby, ¡yo!, cuyo cuerpo serrano se había tirado los últimos treinta años sin conocer una gota de sudor por la práctica del nefando deporte. Lo que no sé es qué será lo próximo: ¿la comida macrobiótica?, ¿un cursillo de danza del vientre?, ¿un taller de sexo tántrico...? El futuro está trufado de posibilidades.

Os vais a enterar. De momento hoy ya me he comprado una camiseta de Supermán.

domingo, 5 de junio de 2011

Declaración de principios ( políticos)




Desde que cumplí 18 años sólo he dejado de votar en una ocasión y por razones ajenas a mi voluntad. Supongo que mi devoción por la participación democrática está íntimamente ligada con la frustración que supuso no poder participar en el referendum de la OTAN allá por el 1986 o algo así, porque cuando se celebró me faltaban apenas dos meses para cumplir los 18 años. Me sentí muy impotente por no poder expresar mi NO. La vez que me quedé sin votar, fue por los impedimentos que pusieron eso tan neutral que llamamos autoridades a los residentes temporales en el extranjero. En otras ocasiones, también residiendo en el extranjero, conseguí votar siempre sin problema. Sólo se nos negó el derecho en aquel año 93 o 94, bajo la hégira de Felipe González, cuando le concedieron el premio "Carlomagno" en Aquisgrán, ciudad natal de Karl Marx, dicho sea de paso.

Nunca he sido fiel a ningún partido político, mi voto nunca se ha podido considerar un voto cautivo, lo que no signifique que mis ideas y mi ideología no sean claras y firmes. En todo el espectro político nunca he encontrado pantalones adecuados a mi gusto y estilo y siempre he estado saltando de una opción política a otra, en ocasiones movido por la personalidad de sus líderes, en otras por la confianza que despertaba en mi un determinado proyecto o por la esperanza en que tal persona fuera capaz de mejorar la situación o cumplir lo que prometía. En la mayoría de las ocasiones me he decantado siempre por partidos minoritarios y en muchas ocasiones también me he acabado arrepintiendo del uso que había dado a mi voto. Muchas veces he votado convencido, pero también he votado otras veces con la pinza en la nariz y en contra de quienes tenían todas las de ganar. Yo también me he dejado convencer por lo que se ha dado en llamar el voto útil, muy a mi pesar.

Después del movimiento del 15M las cosas no deben ser igual y el cambio empieza de momento por el arma más poderosa que la democracia pone en nuestras manos: el voto. Es por ello que me comprometo a no votar nunca más en el futuro en contra de nadie, a favor del mal menor o por compromiso con "los nuestros"; que siempre buscaré opciones que no tengan ninguna relación con corruptelas, tejemanejes, grandes fastos y estériles dispendios; que siempre estaré atento y vigilante al discurso del "y tú más", que apoyaré siempre a partidos que abogen sin demagogia por una reforma y hallan dado muestras con sus acciones de su interés por una regeneración de la democracia actual: refundición de los partidos, una ley electoral que facilite una mayor representatividad, en fin, una regeneración total de la participación y de la actividad democrática. Vamos, que el que quiera mi voto, va a tener que ganárselo. Demos a nuestros votos el valor que tienen.