domingo, 10 de octubre de 2010

De justicia




A Vargas Llosa creo que me lo descubrió Ana. Yo debía tener 13 o 14, quizás 15 años y ella leía "Pantaleón y las Visitadores". Por aquella época aún no me interesaba la literatura ni poco, ni mucho, ni nada y la lectura mucho menos. Ana nos comentó el argumanto del libro y logró captar nuestra atención. No tiene mucho mérito. El argumento es tan desorbitado que es díficil que no te llame la atención. Creo que aquel libro fue uno de los que nos leía en alto antes de ir al saco de dormir en las noche de verano cuando estábamos de campamento, pero tampoco estoy muy seguro. Sí recuerdo eso, que Ana leía en alto el libro que se tenía entre manos y que todos a su alrededor nos quedábamos lelos escuchando. Ana sólo tenía un año más que nosotros y nosotros descubríamos con aquellas lecturas que las novelas no tenían porque ser tediosas e incomprensibles, que también podían ser divertidas y entretenidas, que no es un descubrimiento menor.

Años más tarde, tampoco sabría precisar exactamente cuando, sólo que ya estaba en la facultad estudiendo literatura, me lei por fin aquel libro que tanto me había llamado la atención. No defraudó mis espectativas, ni mucho menos. Fue una lectura amena y divertida.

Del segundo libro de don Mario del que guardo recuerdo fue " La ciudad y los perros". El libro era de mi hermana Isabel y se lo sustraje un verano, posiblemente en le primer año de facultad, que me ganaba la vida pintando casas y que entre brochazo y brochazo me aburría soberanamente. Leyéndolo tuvo la absoluta certeza de que el libro me estaba hablando directamente a mi. Daba igual que la historia trascurriera en una escuela militar en el Perú en los años cincuenta del siglo XX. La historia era tan real y los personajes tan afinados que era como si alguien me estuviera contando al oido su experiencia y sus peripecias escolares, tan similares a las mías, salvando las distancias. Porque si algo tiene Vargas Llosa y los buenos escritores es la de crear un universo tan real o más que el que hay más allá de mi ventana con la sólo ayuda de un puñado de palabras. Ese milagro, cuando sucede, es inefable y muy muy necesario, como el mismo Vargas Llosa ha comentado en tantos ensayos y articulos.

Aquellos dos primeros libros me han hecho un devoto del escritor. No me lo he leído todo, ni todo lo que he leido me ha gustado, pero le concedo la maestría en todos y cada uno de sus escritos.

Lecturas aparte, el ciudadano Vargas Llosa me parece un modelo de integridad e independencia, un intelectual en peligro de extinción. Se puede estar a favor en contra de sus postulados sociales, políticos, económicos, pero no se le puedo negar su capacidad de escuchar, analizar, rectificar y, sobre todo, persuadir esgrimiendo como arma solamente las palabras.

Anda el mundo revuelto estos días porque le han concedido el Premio Novel de Literatura. Lo anómalo es que no se lo hubieran dado antes.

3 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Totalmente de acuerdo. Yo me acerqué a él con 14 ó 15 años. Fue con "La ciudad y los perros". Y cuando leí "La fiesta del chivo", los personajes de la novela y la historia que contaba me rondaron la cabeza quién sabe cuántos días. Cuando supe que su nueva novela se titulaba "El sueño del celta" y supe también de qué trataba, me preparé para llegar a la Cervantes el primero. Ahora le han dado el Nobel ¡por fin! y habrá que hacer cola el próximo día 3...

Anónimo dijo...

Buenas. Lo primero disculpas por la época estival en la que, sinceramente, he pasado de tu blog.
De lo del premio, pues digo lo de siempre con los Nobel: se lo merece, él y 5000 tíos más. El mérito sería dar el premio a un escritor de futuro. Dárselo a un Camilo José Cela, Doris Lessing o a un Vargas Llosa (por poner algún ejemplo de octogenarios)no tiene chiste. Y es que lo de la Muller o el turco de hace dos o tres años (no me acuerdo el nombre)tampoco es tirar cohetes, que tienen ya cincuenta y pico...
Me temo que sigue habiendo trampa porque a ver quién es el listo del jurado que se ha leído todo lo de todos los candidatos. A los cantantes y escritores, que les den de una vez un salario social y los premios guardémoslos para los científicos.
Un abrazo,
C.

Utopia, pero menos. dijo...

Hola C.
Cada premio tiene su aquello. El Nobel, como el Cervantes o el PRincipe de Asturias, premian obras hechas y derechas, no promesas. Seguro que hay muchos más que se lo merecen, pero por lo menos en esta ocasión han acertado, porque se ha visto cada filfa de escándalo.