sábado, 12 de diciembre de 2009

De monte



¡Que recuerdos! Aprovechando el puente subí con los chicos al Monsacro, un monte muy cercano a Oviedo desde el que en días despejados se ve hasta el mar y cuyas vistas son espectaculares.

El martes tuvimos suerte y la montaña nos brindó sus mejores galas.

El Monsacro ha debido ser la excursión con la que nos hemos iniciado en el montañismo la mayoría de los niños asturianos. Es una excursión corta, de apenas una hora, pero desde el primer paso el camino pica hacia arriba sin un metro de tregua, es una ascensión continua y dura.

Ni sé la cantidad y cantidad de veces que habré subido en mi vida. Posiblemente la primera vez haya sido con 8, 9 ó 10 años. Y la penúltima vez con veintipocos, en la época de la Universidad. Ahora que hace ya veinte años que tengo veinte años, hacía realmente mucho tiempo que no subía y fue una emoción especial subir con Cascarrabia´s Kid y con el Agente Naranja.

Recuerdo especialmente la antepenúltima vez que ascendí. Todavía era boy-scout y era primavera. Subimos un grupo de 10 ó 12 muchachos entre 16 y 18 aña con los mochilas y las tiendas de campaña a pasar el fin de semana. El tiempo era fantástico y el ánimo inmejorable. Subíamos cantando y silbando, como quien pasea por la calle Uría ( juventud divino tesoro). Al llegar arriba montamos las tiendas, comimos algo y recuerdo que un fenómeno llevó un balón y estuvimos jugando a fútbol entre riscos y brañas. A media tarde, para nuestra sorpresa, cayó la niebla y la temperatura y el alegre fin de semana campestre se convirtió en una pequeña pesadilla. Se desató el viento y la lluvia se hizo granizo, y el granizo nieve. Nos pasamos toda la noche metidos en las tiendas, escuchando ulular el viento y con serias dudas de que las tiendas aguantaran el embate del temporal. A pesar de todo dormimos. A la mañana siguente, había mejorado el tiempo, aunque el cielo seguía cubierto y amenzante y al abrir la cremallera de la tienda, la nieve se coló dentro y el paisaje de fuera era navideño. Todo estaba blanco y todos teníamos claro que había que organizar la retirada de la manera más rápida posible.La mayoría habíamos subido con playeros y no todos tenían prendas de abrigo. Desmontamos las tiendas como pudimos, hicimos las mochilas con las manos heladas y tuvimos que dejar parte del material en la cima, entre otras cosas el balón de fútbol, porque todas las cosas que habían quedado fuera de las tiendas al empezar el temporal estaban ahora cubiertas por la nieve y no teníamos ni idea de dónde podían estar. La bajada fue entre niebla, con los pies helados y durante los primeros tramos de la bajada, íbamos cogidos de la mano para no despeñarnos: el camino también estaba blanco y había que intuirlo o buscarlo.

También recuerdo de ese día la impresión que me cuasó - que nos causó a todos-, cuando a media bajada la niebla y las nubes se disiparon de golpe y nos brindaron una visión espectacular del valle bañado por el sol. Era la primera vez en mi vida que tenía la sensación de estar viendo algo francamente bello e inusual. Ese recuerdo y la sensación me acompañará siempre.

Los chicos se portaron. Como sucede siempre, trascurrida los primeros quince o viente minutos de la excursión, empezaron a quejarse de la dura subida y a preguntar cuánto quedaba. Pasado ese momento crítico, cuando se les empieza a calentar el cuerpo y rompen a sudar, caminan como campeones. Yo, sin embargo, llegué a la cima pidiendo clemencia. La edad no perdona.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Y yo que veo el Monsacro todos los días desde la ventana de casa...¡Y no subí nunca!
La primera vez que fui de monte fue al Pienzu. Con mi padre. Y nos perdimos. Recuerdo el día con felicidad porque a la vuelta pasamos por el Jovellanos a ver si habían puesto las notas de selectividad. Y las habían puesto. Las vi de noche...
Pero lo que fue la excursión en sí la recuerdo como una pesadilla.
No me imaginaba esas vistas. A ver si me animo, que lo de andar me gusta.

Utopia, pero menos. dijo...

El Pienzu lo hicimos en el puente de noviembre. Fue la primera cumbre de los chicos y también es una excursión que he hecho varias veces. El final es muy duro, pero merece también la pena.
Ya ta daré información de cómo ir al Monsacro.
Yo cuanto más vieyo más silvestre me vuelvo y me gusta compartir esa afición con los chicos, que de momento me siguen el rollo.