domingo, 19 de agosto de 2012

Por Inglaterra, el hogar y la belleza

No concibo las vacaciones de verano sin un libro de más de seiscientas páginas. El verano es tiempo de descanso, de familia, de playa y de lectura. ¡Y este año además fue año Olímpico! Mi madre, vaya tute. Este año, en lo que a lecturas se refiere, le tocó el turno a David Copperfield, de 1022 páginas. He disfrutado cada palabra. Lo había comprado hace meses y había estado tentado de comenzar su lectura antes de iniciar las vacaciones, pero logré reprimirme. La represión autoimpuesta no me ha dejado daños colaterales aparentes. Bien. Cualquier novela del señor Dickens es recomendable, incluso las malas; pero "La Historia personal de DAvid Copperfield" es sin duda la mejor. Por su libro desfilan una serie de personajes como partículas lanzadas al espacio justo después del Big Bang, emulando el caos y sus secuelas, estaciones de paso por las que tránsita el protagonista, de la mano del autor, de su sutil humor y de su fina ironía. Nada hace pensar que a medida que avanza el relato esos personajes lanzados al principio como un puñado de dados, empezarán a agruparse y relacionarse de manera lógica y perfecta, como las galaxias en el universo, con sus masas específicas, sus elipses, sus agujeros negros, sus cometas, sus planetas, sus fuerzas de gravedad y sus marcianos. Pretender hacer aquí una critica literaria de David Coperfield es pretencioso y estúpido por mi parte. Pero si quiero mencionar aunque sea una sola razón por la que merezca ser leído. David Copperfield es sobre todo una novela de buenas personas. A veces tenemos la sensación de que las novelas deben ser historias truculentas, con su asesino, su tarado, si malvado, su amor no correspondido, su truhán, su mafioso, su conflicto. Pues bien, David Copperfield está construido desde la más pura y estricta bondad. No quiero decir que los personajes sean bobalicones, santos o dechados de perfección y buenas intenciones, al contrario, cada personajes arrastra su obsesión, su pasado, su tara, sus mania, sus limitaciones y su contradicción durante toda la novela de una manera natural y verosimil, son hijos de su época ¿victoriana? y de las estricitas convenciones sociales, pero ni su personalidad, en algunos casos limitada, en otros arruinada, en otros triste, en otros perseguida y maltratada, les impide obrar correcta y solidariamente. Los personajes conocen lo que deben hacer. David Copperfield es una oda inigualable a la amistad, al honor, al desarrollo personal y al respeto por el otro, aun siendo ese otro diferente, raro y con un comportamiento ajeno a mis propios intereses. La verdadera literatura - la única- orbita sobre la presencia de personajes. David Copperfield es una novela con alguno de los personajes más deliciosos y reales que se encontrarán jamás en un libro. Si con estos argumentos no les he animado a su lectura, me doy por vencido. Vayan a la libreria más cercana y cojan la primera mierda que vean en novedades editoriales. Por lo demás las vacaciones se nos han ido entre partidos de badminton, centímetros y centímetros nadados en estilo (extremadamente) libre, horas y horas de piscina jugando al waterpolo, competiciones de salto de playa a pies juntos ( vease foto), partidos de fútbol ( o algo parecido), carreras con el mar al fondo. Por practicar hemos practicado incluso vela. Cómo si no denominar mi denodada lucha en la playa con la sombrilla, domeñando los vientos de levante y/o poniente, para que no saliera volando ( no siempre lo conseguía). En los ratos libres, jugábamos a las palas.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

A mí me queda poco, muy poquito, para comenzar estas "primeras" vacaciones de mi vida. Gracias por tantas cosas. Hoy, por la recomendación literaria.

Utopia, pero menos. dijo...

Edición clasiva Alba de bolsillo ( aunqeu 1000 páginas y de bolsillo, suena a paradoja). Si prefieres algo más liviano para empezar. Historia de dos Ciudades, del mismo autor.