martes, 10 de agosto de 2010

Mohammad Mostafai



El caballero de la foto se llama Mohammad Mostafai, tiene 37 años, es iraní y se gana la vida como abogado en su país. El señor Mostafai aceptó defender el caso de Doña Sakineh M. Ashtiani, una mujer también iraní de 43 años y madre de dos hijos, condenada a morir lapidada, acusada de adulterio, después de haber recibido los 99 latigazos que contempla la ley. El señor Mostafai con anterioridad ya había defendido otros 13 casos de personas, en algunos casos niños, condenados en su país a la pena capital. Desconozco la suerte que corrieron esas otras 13 personas.

Desconozco también al señor Mostafai, pero con sus 37 años es una persona joven, salta a la vista, y observando la foto parace además una persona elegante, dinámica y decidida. Viendo la foto, parece más un tiburón de los negocios que una persona sensibilida con la defensa de los Derechos Humanos, pero no debemos dejarnos engañar por las apariencias. O sí. A lo mejor el señor Mostafai, recién obtenido su título de abogado y deseosos de obtener éxito y protagonismo en su profesión vio en las causas perdidas una buena opción para su autopromoción y tiró por ese camino sin una vocación humanística muy profunda, puro oportunismo. Pero ay, hasta los corazones más duros tienen su Talón de Aquiles y en la segunda, o quizás en la tercer causa, empatizó con su defendido, y empezó a conocer las miserias del sistema, sus corrupciones, sus vasos comunicantes, sus inmundicias, y la mezcla de empatía e indignación obraron en su conciencia un cóctel explosivo y lo que empezó como una operación de marketing acabó en una dedicación convencida y militante. Desconozco al señor Mostafai, incluso la foto puede no ser suya, sino de un cantante de moda en el país persa, pero las cosas bien pudieron suceder así, o también de cualquier otra manera. El alma humana es a menudo insondable incluso hasta para sus propios titulares. ¡Que me lo digan a mi!

Dejamos sentado por tanto que el señor Mostafai se un convencido defensor de los derechos humanos y de los condenados a pena de muerte en su país. Su país, ay, es Irán. Un país por otra parte, precioso. Posiblemente el país más culto, vibrante y dinámico de toda Asia, a pesar de sus gobernantes. Actualmente Irán es un país sometido a la Sharía o Ley Musulmana, que contempla la muerte por lapidación, otras formas de pena de muerte o, en el mejor de los casos, la amputación de miembros por delitos de índole personal o de conciencia. Doña Sakineh M. Ashtiani fue una de las personas condenadas según la observancia de esta código legal.

Seamos sinceros. El señor Mostafai al aceptar el caso llevaba todas las de perder. No se trataba de defender a una mujer adúltera, si no de oponerse a todo un régimen político-religioso y a una manera de concebir el mundo. En esta historia quien menos parece importar es Doña Sakineh M. Ashtiani y su vida. El señor Mostafai sabe estas cosas, pero su empatía y su sentido de la justicia le impiden rendirse. El enemigo sin embargo es poderoso y él muy pequeño. Qué hacer.

El señor Mostafai pensó en dar publicidad al caso de Doña Sakineh M. Ashtiani através de su blog y la cosa funcionó. Su caso traspasó las fronteras locales y la prensa internacional se hizo eco del caso de Doña Sakineh M. Ashtiani y de las irregularides que habían acaecido durante su procesamiento. Al gobierno iraní, que hasta entonces tenía controlado al joven abogado y a otros tantos como él - para qué están sino los servicios secretos y la policía política - no le hizo ninguna gracia el cariz que tomaban los hechos y se lo hizo saber. Le llamaron a declarar y, a continuación, como modo de presión, detuvieron a su mujer y a su cuñado. El señor Mostafai se dio cuenta que había tocado la tecla adecuada, había golpeado donde más le podía doler al régimen establecido y, si le quedaba alguna duda, la detención de sus familiares no dejaba duda alguna. Entonces sus fuerzas flaquearon, se asustó y huyo del país. Ahora mismo se encuentra en Noruega donde ha solicitado asilo político.

Alguien puede pensar que el señor Mostafai es un cobarde por haber huido del país y dejar en la estacada a Doña Sakineh M. Ashtiani. Yo no lo veo así. Yo sigo pensando que es un héroe cotidiano, de los que son más necesarios, y precisamente su miedo y su necesidad de huir lo hace más humano y más creíble. A mi no me cabe duda que el señor Mostafai ha puesto su grano de arena para mover la descomunal rueda de la injusticia y no seré yo quien le pida más.

Cuando la cordura vuelva a Irán seguramente alguien recuperara la obra y el compromiso del señor Mostafai.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Totalmente de acuerdo.

Ana dijo...

Si no hubiera huido no sería humano, sería el argumento de una película de Hollywood con un final de película (valga la redundancia)