domingo, 24 de abril de 2011

La France.



Cuando éramos pequeños mi madre enseñaba francés a mis hermanas. Las recuerdo a todas rezongando las tardes de verano en la mesa camilla bajo un sol de justicia mientras mi madre intentaba ilustrarlas en la lengua de Montaigne. Un día, tenía seguro menos de siete años, les dije que yo también quería aprender esas palabras raras. Una de mis hermanas, creo que Carmen, me vino a decir que de todas las ideas que había tenido hasta entonces ésa era la peor y que sólo un idiota podía meterse en ese galimatías. Aprendí a decir "la table" y "la maison". Desde entonces mi francés no ha ido mucho más lejos y creo que el comentario de mi hermana me condicionó de por vida. Todos estos años se han venido repitiendo los contactos que he tenido con Francia, el francés y los franceses. Este semana, sin ir más lejos, hemos disfrutado en familia de una semana de vacaciones en Francia: la Gascuña, el Quercy y el Perigord.

Me he llevado un impresión fantástica del país. Los franceses se lo saben montar muy bien. Es un país limpio y ordenado, un país cívico, muy bien cuidado, con un ritmo de vida agradable y no necesariamente caro.

El viaje trascurrió por la campiña francesa, un puro lujo. Me llamó la atención lo bien que tienen organizado los ayuntamientos los servicios y la información para los turistas. Me pareció un país pensado para disfrutarlo, tanto los mismos franceses como los visitantes. Me llamó la atención la cantidad de bosques y que de todos los árboles, ninguno era un eucalipto. Si las autoridades asturianas quieren reforzar el turismo rural, que se den un paseo por Francia y aprendan lo que es informar, facilitar, proponer, diversificar. En Francia cada ayuntamiento es su propio embajador pero todos los ayuntamientos ofrecen al visitante las mismas infraestructuras, la misma información, el mismo concepto, lo que facilita al visitante de una manera intuitiva la orientación y el disfrute.

Por otra parte, Félix Rodríguez de Lafuente está causando estragos en la familia. Los muchachos entablaron una guerra sin cuartel por dilucidar quien de los dos era el "chacho" dominante de la manada. Doy fe que ambos atesoran suficientes méritos para ostentar el título.

También los patos han sido un tema recurrente en todo el viaje. El Perigord es la tierra del pato y de la oca, del foie, del confit, del magret. Pato pa-tó. Vimos granjas de patos ( Cascarrabias´Kid quedó traumatízado al ver cómo alimentaban a las ocas), en todas las tiendas te ofrecen productos relacionados con los ánades y es difícil ir a un restaurante y que no te ofrezcan algún plato relacionado con el pato. Lo dicho pato pa-tó. Incluso durante el viaje hicimos un "pato": ellos se portaban bien y nosotros no nos enfadábamos. Cumplieron con creces.

La foto es de la abadía de St Amand de Coly.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Mais quel bonheur, mon chouchou...!!!

Utopia, pero menos. dijo...

le table, le maison...