viernes, 8 de abril de 2011

Horrorescencia


El otro día, un ejemplo como tantos otros, fui a buscar a Casacarrabias´Kid al salir de música y nos montamos en el coche. Conduzco siempre con la radio encendida. Pero al gachó no le gustaba lo que sonaba.

- ¿ Quítalo?

Mal que le pesó y a pesar de sus quejas(¡es pesao, pesao!) llegamos a casa con la misma emisora y sin que una sola palabra saliera de mi boca. Por dentro fervía. Primero se negó a bajar del coche. Esperé. Cuando bajó, lo cerré y atravesé el garage camino del ascensor. El punto de ebullición hacía tiempo que había llegado a su máxima potencia. Tardó en seguirme y entró como un forajido en el salón de una película de oeste, golpeando la puerta, a patadas. En ese momento era más fácil refrigerar la central nuclear de Fukushima que a mi menda, pero las señales que emitía eran también de normalidad, esto es, pura mentira. Le hice salir de nuevo y volver a entrar sin dar patadas. Una cosa es decirlo, claro, y otra lograrlo. El muchacho era duro de oido y se lo tuve que repatir qué se yo cuantas veces.

- Los animales dan patadas, las personas se comportan como personas.

Parecía un disco rayado. Salió tras mucho insistir y entró, ¡con patada y portazo!. El chico no había captado el mensaje. No se trataba de entrar de nuevo, sino bien. Resumiendo, del garaje al ascensor hay dos puertas, dos putas interminables puertas y debimos estrar entrando y saliendo la intemerata de veces hasta que el muchacho fue capaz de franquearlas sin patadas, puñetazos y portazos. Desde fuera la situación debía resultar la mar de cómica, pero yo no tenía ninguna gana de reir. Lo juro.

Cuando entramos en casa era evidente que las relaciones padre hijo no eran las más cordiales. Campanilla se dio cuenta enseguida, pero no preguntó. Luego Cascarrabias´Kid hizo otra entrada triunfal en la cocina y hubo que volver a repetir la misma obra de teatro. Yo le pido que salga y que vuelva a entrar como dios manda y él mira a su madre para ganarse un aliado. Campanilla se mantuvo entre los países no alineados, aunque financiaba la compra de armas a uno y repartía miradas de ayuda humanitaria a otro. Si la puerta de la cocina pudiera hablar, diría ay!. Pero lo conseguí. Entró sin portazos. No me sentía vencedor, sino acojonado. Todavía tiene ocho años y ya no hay quien le aguante. No quiero pensar lo que puede pasar dentro de cuatro o cinco años cuando Cascarrabias´Kid esté en plena Horrorescencia. El acierto terminológico, que yo sepa, tiene el copiright de mi hermana Isabel. El palabro no puede ser más atinado.

Nos va a costar, seguro que nos va a costar, pero si ahora no somos capaces de dejar asentadas ciertas bases, - no es que hayamos pecado de dejadez, pero quizás ya deberíamos haber empezado antes con el plan de choque -, nos come.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Cuánto aprende uno...

Ricardo Fernández dijo...

Y no lo digo por el guaje, que también...