domingo, 15 de mayo de 2011

Caín y Abel



" Volvíó a parir, y tuvo a Abel, su hermano"

Este es el intríngulis de toda la Historia. Caín era el primogénito y varón y Yahvé estaba chocho con él y Caín se lo creyó y pensó que era lo que no era, que todo el paraiso y toda la creación y toda la eternidad eran solo para él, el trompo, los cromos de picachu, los mejores trozos de tarta, el pijama de súperman, la habitación azul, el cuento antes de acostarse, en fin, todo. Se había hecho ilusiones y se sentía la mar de a gusto en sus dominios. El mundo era redondo.

Pero ay, hete aquí que un día vino un extraño, un tal Abel. Le decían que era su hermano y que tenía que quererlo como quería a su triciclo o a su puzzle de Pinocho. Que ya es pedir.

Por él no habiera sido verdaderamente un problema tomarle afecto a ese bulto con mocos, pero no se lo pusieron nada fácil desde el principio. A Abel lo metieron en SU habitación, le bañaban en SU bañera, comía en SU cocina y empleaba SUS juguetes. El tal Abel no se había traido nada propio, había entrado en los dominios de Cascarrabias´Kid como todos los elefantes del Serengeti en una tienda de Swarowsky y de golpe y porrazo sus dominios habían quedado reducidos a la mitad por decreto ley. Intolerable. Era vivir una segunda expulsión del paraiso. Dónde se vio. Y eso sin contar que el Agente Naranja se llevaba los mejores besos de sus padres, los mejores achuchones, la leche que mamaba era seguro más tibia, más sabrosa y con más complejos vitamínicos. Me pasa a mi lo mismo, agarro la primera quijada de vaca que encuentre y me lo cargo. Usurpador de mierda.

Los segundos hijos debían estar prohibidos. El primer parto tendrían que ser siempre de gemelos univitelinos. Eso sería lo justo. Y los que vengan después que arreen. Eso si es hacer el mundo bien y no la chapuza esta en que tenemos que vivir. Que no es que yo sea Yahvé, ni siquiera Darth Vader, pero, joder, un respeto, que soy tú padre.

A veces tengo la sensación de que Cascarrabias´Kid no nos lo perdonará nunca y que jamás llegará a reponerse del schock que supuso dejar de ser hijo único. Y eso que el trato hace el cariño y con el tiempo se ha convertido en el mejor abogado de su hermano, su mejor defensor, su juguete preferido. Vamos, que ni contigo ni sin tí tienen mis penas remedio.

En casa, por si acaso, tenemos escondidas todas las quijadas de vaca.

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

"...el mejor abogado de su hermano..." Esto promete, sí señor.