lunes, 15 de marzo de 2010

El Deseante



El Agente Naranja conoce todos los matices del deseo. No es un niño caprichoso de los de culito veo culito quiero y pataleta si no lo consigo. El Agente Naranja sabe disfrutar lo que ve y alimentar el deseo dentro de su corazón, como quien cuece lentamente un pan. Los deseos en la mente del Agente Naranja son redondos, nítidos, embriagadores. Se pueden tocar.

El Agente Naranja se come el mundo con los ojos. Tampoco comparte su deseo con nadie, no cuenta, no olvida y trata de satisfacer sus anhelos por su propios medios, a hurtadillas de todos, sin malicia, por el puro placer de satisfacer el deseo. Es más fuerte que él. Si no lo consigue a la primera, no pasa nada, el Agente Naranja tiene la paciencia de quienes se saben vencedores. Para qué correr, todo llegará. Es un depredador.

El Agente Naranja se come el mundo con los ojos y el deseo se le desborda por lo poros. Nadie mira los estímulos con el deleite que él lo hace. Nadie es más feliz deleitándose con los estímulos adecuados.

El Agente Naranja disfruta cuando sacia su deseo. Sabe saborearlo. Sabe dosificarlo y valorarlo. No le molesta en las manos.

El Agente Naranja no se rinde. Y le gusta autosatisfacer sus deseos. Está bien lo que le das, pero está mucho mejor lo que él mismo consigue.

Siempre he sido de la opinión de que el deseo alimenta el espíritu y forja el carácter, que no hoy peor educación que estirparles el deseo a los niños, atiborrarles de estímulos antes de que el deseo de obtenerlos nazca en ellos. Pero con el Agente Naranja la deriva es inquietante.

Hasta ahora el mundo es del mismo tamaño que sus deseos, pero ¿ cuando sus deseos crezcan y no quepan siempre en el tamaño de este mundo...? Cuando eso suceda, espero que sea capaz de reconocer el límite. Y lo acepte. Por él y por el mundo.

4 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Acabo de terminar la lectura de este texto y me he quedado pensando y pensando. Pensaba en cómo era yo cuando tenía la edad del Agente Naranja. Y me da pena, porque no tengo una imagen muy clara de cuál era mi relación con los anhelos. No era niño de pataleta, pero sí recuerdo una vez... ¡Ay Dios!

Utopia, pero menos. dijo...

Yo me doy cuenta de que a sus 5 años está en una frontera importante y no estoy del todo seguro de que la deriva que tome dependa del todo, o sólo, de la educación recibida.

La determinación y el carácter pueden arrasarlo todo, y El Agente Naranja tiene paciencia, sabe esperar y sabe conseguir. Es acojonante.

CarlosAG dijo...

Tu juega, que así empezaron el padre de Sauron y el de Gargamel, entre otros y ¿quién sea acuerda de éllos? Nadie.
Lo peor de todo es el miedo que das cuando dices que lo cuece todo en silencio, sin prisa, para luego resarcirse por el esfuerzo realizado cuando ha conseguido su anhelo. Es la viva imagen del gato jugando con el ratón despues de cazarlo y antes de comérselo.
Sí; ya sé que son entrañables en ocasiones pero otras veces, acojonan.
Estos pequeños son como el cocodrilo que acaba de nacer y ya es el auténtico cazador con la diferencia de que en la raza humana, cuando son pequeños, no se han hecho todavía con la apariencia física del adulto y no acojonan tanto. ¿Será alguna reminiscencia del cerebro de reptil? ¿Seremos nosotros el cocodrilo adulto que nada más verlo pone los pelos de punta?
Angelitos...

Utopia, pero menos. dijo...

Cagüén mi manto, quiénes son Sauron y Gargamel?
En la actitud del crío, no hay premeditación, por lo menos de una manera consciente. Ni es de los que pisen al prójimo, ni mucho menos. Además es de esos niños que caen de pie. Y lo sabe. Es también un tío feliz, pero ... no tengo del todo claro que sea de los que en el futuro vayan a contenerse. Ojalá me equivoque.