lunes, 12 de abril de 2010

La expedición Balmis



A los indios de América no les exterminó el hombre blanco, sino las infecciones. Los soldados que acompañaban a Hernan Cortés y a otros conquistadores poseían armas de destrucción masiva: los virus. Fueron los precursores de la guerra química. La población americana carecía de anticuerpos para luchar contra semejante invasión y se vieron seriamente diezmados.

Hasta bien entrado el siglo XVIII la viruela era una de las enfermedades más mortíferas a ambos lados del Océano Atlántico. Fue el británico Edwar Jenner quien desarrolló en 1796 la primera vacuna contra esta enfermedad observando que la viruela de las vacas protegía de la infección a los humanos que estaban en contacto con los rumiantes. El trabajo se publicó en 1798 y la vacuna llegó a España en 1800.

Al monarca español de Carlos IV le tenían preocupado las noticias que le llegaban sobre la epidemia de viruela en sus posesiones de ultramar y conocedor de los descubrimientos del doctor Jenner ordenó una expedición para llevar la vacuna a aquellos territorios antes de quedarse sin súbditos.

Pero los deseos de los monarcas no siempre obtienen la respuesta adecuada y menos con la rapidez requerida.

De hecho lo que deseaba don Carlos IV era inviable con la tecnología de la época. ¿Cómo consegir hacer llegar la vacuna a America tras una larga e incierta travesía marítima y sin neveras que mantuvieran al virus activo y en condiciones de ser inoculado?

Chupao. Para eso estaba nuestro buen amigo Don Francisco Javier Balmis.

Pancho Xavier era un militar y cirujano español que había viajado a America y conocía de primera mano los estragos que la viruela estaba ocasionando en el nuevo continente. Pero sobre todo, como todo buen militar y mejor científico, logró hacer de la necesidad virtud. Conocedor del ciclo vital del virus de la viruela, convenció al monarca para organizar una expedición donde le virus viajaría inoculado en el brazo de niños sanos. El virus iría pasando así de brazo a brazo a medida que se fuera cumpliendo el ciclo del virus de la viruela, siempre fresco, siempre vivo y activo, hasta arribar a las tierras del nuevo contiente. La idea debió parecer descabellada a más de uno. Pero el doctor Balmes logró convencer al monarca y que la corona sufragara la expedición.

En 1803 partió del puerto de La Coruña la conocida como "Expedicón Balmes" con 22 niños huérfanos entre 8 y 10 años con la visionaría misión de llevar la vacuna de la viruela en condiciones de ser utilizada. Lo lograron.

Los estudiosos sin embargo no se ponen del todo de acuerdo sobre la incidencia real de la expedición Balmes en le Nuevo Continente. Hay quienes defiende que cuando llegó la Maria Pita ya se habían desarrollado las primeras vacunas a partir de las muestras obtenidas de marineros contagiados o por otros medios. Pero lo que no se le puedo al doctor Balmes y al rey Carlos IV es que su iniciativa supuso la primera campaña de salud pública programada a nivel mundial.

El progreso de la humanidad se escribe a través de pequeñas inciciativas como la aquí recogida.

Por cierto, pasado mañana es 14 de abril.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Desconocía por completo esta historia. Es que voy de sorpresa en sorpresa estos días...

Utopia, pero menos. dijo...

Soy un devorador de historias de la época del descubrimiento y colonización de América. El encuentro de los dos mundos fue fascinente. Esta es una de sus muchas historias