jueves, 6 de mayo de 2010

Las piedras ( 2)



En fin. Pasaron los años y la hegemonía de los Facundos se asentó definitamente. Ellos dictaban la ortodoxia en todo lo relacionado con el culto a las piedras. Respetaban a los Melitones y se les llenaba la boca recordando que los Melitones y no otros eran los más puros y primigenios adoradores de tan hermosa fe, pero lo cierto es que hacía tiempo que ya no pintaban nada.

Los Melitones continuaron viviendo en el desierto, desarrollando una vida sencilla y anónima, adorando las piedras con sus viejos ritos de siempre que ya nadie reconocía como tales. Tanto había cambiado todo, tan grande era la influencia de los Facundos.

Los Facundos extendieron el culto a las piedras por todas las tribus del desierto. Sólo existía una verdad y no había sitio en el desierto para quienes no reconocieran la única verdad reconocida. El perseverancia de los Facundos, sus intrigas, sus espadas, sus llamas purificadoras exterminaron el resto de la minoritarias creencias que habían convivido durante siglos con el culto manso y tolerante de los Melitones. Desaparecienton todas las pequeñas creencias de origen oriental: la divinidad del hombre, la transmisión de la divinidad por la ingestión de la carne, la concepción virginal de la mujer y muchas otras.

Los Facundos custodiaban el templo, las piedras y el culto. La vida en el desierto continuaba con su pedregosa lentitud donde a menudo trastabillaba toda esperanza.

Todo se tambaleó, sin embargo, muchos años mas tarde cuando al desierto llegaron las hordas de occidente, con sus ejercitos ordenados, sus armas de hierro y los primeros atisbos de civilización.

Continuará...

5 comentarios:

Ana dijo...

No tardes tanto con "Las piedras (3)" que he tenido que volver a leer la primera parte...

Utopia, pero menos. dijo...

Te suena algo la historia???

Ana dijo...

La historia en si no, pero se podría asimilar a otras historias...

Utopia, pero menos. dijo...

Buenos anda, seré bueno y la terminraé pronto. Aunque no lo tengo fácil, sé a dónde quiero llegar, pero no muy bien cómo

Ricardo Fernández dijo...

Yo estoy intrigadísimo...