viernes, 14 de mayo de 2010

El ratoncito Pérez



Esta noche visitó mi casa el Ratoncito Pérez por segunda vez. La primera que viene por causas naturales. La vez anterior que vino fue por vía traumática. Fue hace dos años, cuando Cascarrabias´Kid contaba con algo más de cuatro años de edad y se arrancó un paleto de cuajo jugando con un palo. El golpe fue tan fuerte que se tragó su propio diente. Y como no había diente que dejar debajo de la almohada, le dijimos al muchacho que tenía que dormir con la boca abierta para que el Ratoncito Pérez pudiera meterse, llegar hasta el estómago y recuperar el diente.

¡Que ingenuidad!, ¡ Bendita Candidez! Todo el mundo sabe que el Ratoncito Pérez no se mete por la boca, se queda acechando en el inodoro esperando a que el preciado objeto caiga por su propia peso. Luego le quita el sarro y nadie nota la diferencia.

Esta vez tampoco hubo diente. Cascarrabias´Kid no había notado que se le había caído y estaba intranquilo por no tener nada que darle la roedor.

- No sé papá, como no esté en el cole o en la piscina, no sé dónde podrá estar.

Su tono traslucía solemnidad y preocupación. El asunto no era menor. Se había caído un diente y faltaba una parte importante de la carga de la prueba: estaba el hueco en la boca, pero faltaba el diente.

Soy de los que opina que todo tiene solución en esta vida y le propuse engañar al Ratocito Perez. Nada tan sencillo como poner un señuelo, algo que se pareciera a un diente y a correr.

No les voy a tener más tiempo sobre ascuas. La treta funcionó. El Ratoncito Pérez picó como un pinín, se llevó el señuelo y dejó la moneda y los caramelos.

De lo que no estoy convencido es de la conveniencia de la estrategia adoptada, se empieza engañando al Ratoncito Pérez y se acaba diciendo " creeme, cariño, no es lo que parece". A un paso.

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

Gracias por la sonrisa. Gracias siempre por la sonrisa.