viernes, 21 de mayo de 2010

Es un pequeño paseo para el hombre, pero un gran paseo para la humanidad




Cuando yo tenía la edad de mis hijos estaba echado a la calle. Vamos, que no entraba en casa ni por error. Los de mi generación tuvimos todavía la gran suerte de educarnos en la calle, compartiendo el espacio público con nuestros compañeros y vecinos, sin la estricta vigilancia de nuestros padres. En aquellos tiempos era normal cruzarse a un mocoso encaminándose sólo a la escuela aplastado tras una mochila descomunal o a una pandilla de muchachos jugando a fútbol en el medio de la calle hasta que pasara el próximo coche.

Ay amigo. La situación hoy en día a cambiado un poquito. Tengo ya cuarenta y dos años ( aunque sólo aparento cuarenta y uno y medio) y les aseguro que en la actualidad a ningún padre en sus sano juicio se le ocurre dejar sólo a un muchacho de 7 años en una ciudad, aunque sea de pronvincias.

La ciudad se ha llenado de peligros. Están los reales: esos animales tan agresivos que llamamos coches, que tienen la costumbre de atacar en manada, comportamiento éste que sólemos denominar tráfico. Y están los peligros imaginarios y/o potenciales: el hombre del saco, el violador de la esquina, esos adolescentes ruidosos y peludos, esos locos que andan genéricamente sueltos por ahí, también están los "quiénsabeloquepuedepasar", los porreros, los drogatas, los depravados, los degenerados, en fin, que ahora las ciudades están barnizadas de puro pánico. Es poner un pie en la calle y resbalar de lo que brilla el miedo.

Ni Campanilla ni yo estamos en nuestro sano juicio. Somos los padres de Cascarrabias´Kid y el Agente Naranja, pero somos de los que pensamos que no los tenemos en propiedad y que, por lo tanto, no debemos sobreprotegerlos y debemos fomentar su autonomía e independencia. La teoría es cojanuda, pero la realidad a menudo se da de bruces. Dicho en otras palabras: una cosa es predicar y otra muy diferente dar pan.

Muchas veces les hemos venido diciendo que poco a poco deberían ir asumiendo responsabilidades: ni qué decir tiene que la cama se la hacen ellos, que la ropa que se ponen y se quitan la doblan y que los juguetes tienen que estar recogidos. El siguiente paso fue que dejaran en el fregadero los platos y los cubiertos con los que habían comido y ya están empezando a bajar la basura a la calle o a hacer pequeños recados. El domingo Cascarrabias´Kid compró su primera barra de pan.

Por una parte es un orgullo, por otra, da mucha pena verlos crecer.

Ayer, sin embargo, la situación dio una vuelta de tuerca importante. Al salir del colegio, mientras Campanilla esperaba a que el Agente Naranja saliera de clase, por propia iniciativa Cascarrabias´Kid aprovechó para solicitarle permiso a su madre para ir SOLO caminando hasta la piscina. No quería esperar. Alguna vez les habíamos comentado que en breve tendrían que empezar a moverse solos por la ciudad, pero lo cierto es que sólo lo contemplábamos desde un punto de vista eminentemente teórico.

En este caso estamos hablando de un tratecto de unos 800-900 metros, en el que se deben atravesar un pequeño parque y cruzar varias calles atestadas de coches y de peligros imaginarios: lestrigones, cíclopes, esfinges, etc. La primera reacción de Campanilla fue aceptar. La segunda fue recordar todos los peligros imaginarios, pero no se echó atrás. Le dio las instrucciones pertinentes: no hables con extraños, no cojas caramelos envenenados, cruza la calle cuando el semáforo esté en verde y le miró partir.

Dos minutos después Cascarrabias´Kid estaba de regresó donde su madre.
" No se atrevió" pensó Campanilla.

- Te olvideste de darme el bocata- Le dijo Cacarrabias´ Kid.

Y partió a Ítaca de nuevo, contento y confiado, devorando su merienda.

A Campanilla los minutos hasta que el Agente Naranja salió del aula se la hicieron eternos. La angustia tiene un sabor horrible. Luego se encaminó a la piscina tras los pasos de Cascarrabias´Kid conteniéndose para que las piernas no echaran a correr e impacientándose cuando en el camino había otro semáforo en rojo.

Ver la cara de Cascarrabias´Kid cuando su madre y su hermano llegaron a la piscina diez o quince minutos después debió merecer la pena. Dudo que el señor Armstrong hubiera estado más contanto el día que hoyó con su pie la superficie de la luna.

1 comentario:

Ana dijo...

Ánimo, la próxima vez ya le costará un poco menos, la siguiente menos todavía y a la cuarta ya ni os pide permiso... ¿ves que fácil es predicar?