viernes, 4 de febrero de 2011

El valor y el precio



Los chicos están empezando a conocer ahora la función del dinero y el valor de las cosas. Casi na. También este año han empezado a recibir propina, lo que sin duda ha contribuido a que empiecen a familiarizarse con el dinero, sus posibilidades y sus frustraciones. Les hemos asignado la nada despreciable suma de treinta céntimos de euro a la semana y su obtención está directamente viculada a su rendimiento y comportamiento semanal, o sea, que no conseguimos ni una sola semana que llegue el domingo y cobren íntegra la propina. Se la pulen en castigos y amenazas, pero ese es tema para otro artículo.

Ni Campanilla ni yo habíamos tenido hasta el momento ninguna prisa en que los muchachos empezaran a manejar dinero, ni ellos lo habían demandado, pero cuando por fin nos decidimos a asignarles una propina hemos de reconocer que fue una buena idea. Coincide además con la época donde en la escuela empiezan a manejarse con soltura con las sumas y las restas, lo que facilita que aprendan mejor a saber lo que se tienen entre manos, a que hagan sus cálculos y sepan cuantas chuches pueden o no pueden adquirir. Fue un auténtico schock llegar al kiosko del barrio una de las primeras veces a por la peonza de moda y ver que todo el capital de los dos juntos apenas daba para adquirir una peonza de saldo y baratija, en lugar del rutilante objeto que tenían otros compañeros de colegio. Fue más traumático aún comprobar cómo aquel objeto en el que habían invertido todo su capital se rompía a las primera de cambio. De una manera intuitiva supieron que el valor de las cosas rara vez está relacionada con su precio.

Las primeras semanas se pulían el dinero en el quiosko a las primeras de cambio, ahora sin embargo, se han convertido los dos en unos Gilitos, y compiten a ver quién de los dos acapara más metal y cuentan y recuentan sus fondos una y otra vez. Me imagino que Emilio Botín debió empezar igual su fulgurante carrera de " Chairman of Banesto".

Ahora han empezado a gastar de otra manera. Efectivamente con su asignación semanal no van muy lejos y para adquirir las cosas que quieren se ven obligados a ahorrar. Algunas de las cosas que quieren saben que son tan caras y que tendrán que juntar tantas propinas que prefieren cargarles el muerto a los Reyes Magos o posponerlo para el día del cumpleaños. También hay compras de objetos relacionados con sus prácticas deportivas que les subvencionamos: ellos ponen X y buen comportamiento y nosotros el resto.

Nunca han sido unos niños caprichosos de los de culito veo, culito quiero, pero son de carne y hueso y como cada hijo de vecino desean. Lo bueno ahora es que cuando les dices el precio de las cosas, lo ven desde una nueva perspectiva y ellos mismos se dan cuenta de la magnitud de la tragedia. Empiezan a sopesar el auténtico valor de las cosas. O por lo menos eso creemos...

3 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

No me lo creerás, pero este tema ha sido objeto de tratamiento doméstico todavía no hace mucho. Y me doy cuenta de que no tengo una idea muy clara de la dimensión valor-precio desde la perspectiva de un niño o niña... Esos treinta céntimos me van a dar un poco qué pensar.

Utopia, pero menos. dijo...

La elección para nosotros tampoco fue sencilla. Y creo que la clave es la cantidad. Es determinante. Por lo demás es una buena idea, entre en juego el precio, el valor y los sentimientos...

Anónimo dijo...

No te compliques. Insértalos de cabeza en el mundo capitalista: tanto vales, tanto tienes. Enseña al pequeño que pisando la cabeza de su hermano conseguirá un peldaño más en la subida hacia la meta del "nunca suficiente" autodevorador que es el sistema neoliberal. En pocos meses tendrás que guardar tu cartera y todo tu pecunio pero habrá valido la pena prepararles para lo que viene. ¿O tal vez no?
Pobres de nosotros que el día de mañana veremos sufrir a nuestros hijos...
Lo siento pero ando algo depre últimamente.
Cuídate mucho "Alberto Malo".