lunes, 2 de junio de 2014

Episodios 2 y 3. La amenaza fantasma

No es difícil entender el ritmo del peregrino, que como todo en esta vida tiene su intríngulis, sus propias reglas y sus propios tiempos.

En el albergue de Roncesvalles compartía habitáculo con un brasileño de nombre italiano y apellido ucraniano. Venía desde Saint Jean Pied de Port con un Australiano. Ni el australiano hablaba portugués ni el brasileño una palabra de inglés y llevaban todo el día juntos. Total que me liaron y la consecuencia es que comencé el camino con una buena resaca. Ambos conocían la calidad de nuestros afamados caldos, pero como yo les decía no era imprescindible probar todas las denominaciones de origen el primer día. Nada. Los tíos estaban lanzados. Como siga juntándome todos los días con los más tímidos, me voy a divertir. Lo mejor de todo es que el australiano ( 62 años) le había estado todo el dia hablando al brasileiro de un bebé. El brasileiro estaba convencido de que había dejado preñada a una muchacha en su país y se había venido al Camino huyendo, como si fuera la legión extrajera, o algo así. La historia real es que la hija del australiano se había casado con un francés, vivían en Avignon y le acababan de hacer abuelo. Había venido a Europa a visitarles y de paso se animó a hacer el Camino. Al parecer circula por los países sajones una película sobre el Camino de Santiago que es bastante exitosa.

El ritmo del Camino no tiene nada que ver con la vida cotidiana. En los albergues a las seis tocan diana y a las ocho hay que dejar el albergue libre. Algún imbécil pone el despertador antes y empiezan a caminar antes de que a dios le haya dado tiempo a pintar el paisaje. Yo empecé a caminar sobre las siete con el brasileño. Llovía. Empezamos con buen ritmo y realizamos la primera parada a los diez kilómetros. Luego se me vino abajo. El pobre hombre no podía con el alma ni con las botas. El camino ha surtido sus primeros efectos. He sido capaz de caminar seis horas al lado de un tío que no calla la boca, que como saben los que me conocen, lo odio. Pues no querías una taza, toma taza y media. Mi hijo Cascarrabias´Kid es de los que no callan. Campanilla, si están leyendo estas líneas que sepas que habrá un hombre en Brasil que se lleva todos nuestros secretos, pero piensa que lo hice por una buena causa. Cuando el hombre se vino fisícamente abajo, la única manera de que continuara era tenerlo entretenido. Además aún así el contó mucho más que yo. Donde va a parar. Tardamos más de seis horas en recorrer poco mas de veinte kilómetros y aún así no fuimos de los peores ni con mucho.

Otra cosa que me llama la atención es lo poco preparada que viene la gente. A algunos se les ve a la legua que es la primera vez que se calzan unas botas. Se les ve sufrir y arrestrarse por el camino. Sin embargo continúan, un paso detrás de otro. El Camino cuida a sus víctimas y cada kilómetro recorrido deja una huella indeleble en el cuerpo.

La rutina en los albergues. Zubiri, 8 eur, es siempre la misma. Llegar, ducharse, lavar la ropa, descansar un poco y dormir un rato. Luego te quedan unas horas para aburrirte o para charlar con este o con otro. Les aseguro que charlar en húngaro es especialmente difícil, sobre todo cuando no se habla el idioma, pero es posible.

Antes de ir a cenar nos dimos una vuelta por el pueblo para buscar al Australiano. Tradamos en encontrarle pero dimos con él. La alegría fue inmensa y la fraternidad ( D.O. La Rioja, reserva) fluyó sin medida de nuevo. En el bar había dos holandesas que compararon al brasileño con un gorila y el pobre hombre aún no se ha repuesto. Pero soy testigo de que él disparo primero. Las holandesas venían desde Utrecht en bicicleta. El primer año hasta París, el segundo hasta Bordeaux y en este tercero tenían pensado llegar a Estela. El brasileiro comparó la cachas de la mujer con las de Miguel Induraín. No fue un simil acertado.

Es como para no creerlo pero el segundo día y otra vez resaca. Al menos está vez tuvimos la prudencia de no mezclar y de retirarnos antes de que empezaron los cánticos.

La etapa de hoy, bien. Llegamos a Pamplona,

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

De melopea en melopea... Esto tiene buena pinta.