martes, 29 de marzo de 2016

Porque lo llaman Partenon cuando deberían decir puzle

Insisto, en su momento debió ser un momumento de la mi madre, de hecho la Embajada Española y el Instituto Cervantes les han legado una placa en la que se recoge que el Rey Enrique no sé cuantos de Aragón en 1380 dijo que los monumentos de la montaña de Atenas eran la maravilla del mundo, pero hay que reconocer que la historia les ha tratado requetemal y no queda sombra de lo que fueron. Todos los turistas los miramos desde abajo hacia arriba, pero si de verdad queremos ver algún vestigio de su auténtica antigüedad, deberíamos centrar nuestra mirada en la base de los templos, y acaso ni ahí hayemos una sola piedra original. Y además no es tan buena idea, porque si bajas la mirada te encuentras con las fichas del puzle, con todas las piedras que han ido amontonando y que ni el tato sabe ya dónde van. Fijense en las fotos. Hay más pedruscos desperdigados por el suelo que en su lugar original


Con todo debo reconocer que el lugar impone. En parte por su monumentalidad, pero sobre todo por la patina de la historia. Llama la atencíon su grandiosidad, pero sobre todo los detalles, las pequeñas figuras, las decoraciones de los frisos, el esmerado trabajo en los dinteles, los revoques de los techos ( los que quedan, claro), los pequeños rasgos de miniciusidad que se adivinan entre tanto derribo. Y lo que lo hace realmente excepcional es el entorno natural, rodeado de acebuches, pinos, higueras, naranjos, cipreses, laureles y cedros que ayudan a que de verdad uno se pueda hacer una idea de cómo era la vida y el paisaje en Atenas en la muy gloriosa época de Pericles.

Fisionómicamente los griegos, por lo menos los atenienses, podían pasar por compatriotas sin problema. Es difícil encontrar en ellos rasgos que no podemos ver en cualquier lugar de España. Además son ruidosos, les gusta estar en la calle y tiene una comida variada, civilizada y sabrosa. La mayor difrencia se ve en las carreteras. Por ejemplo, para no adelantar en la mayoría de carreteras hay doble raya continua. Yo creo que se han quedado cortos. Y es importante saber que para poder trabajar en Grecia con una moto repartiendo pizzas es imprescindible ser daltónico. Y no digo más.

El final del día nos llevó a Saurio, al templo de Poseidon, donde nos congregamos todos los turistas a fotografiar el atardecer. ¡Es tan bonito de la muerte! Menos mal que después la cena prometía y cumplió las expectativas: el local, el condumio, y el paisanaje. Esto de viajar, empieza a estar francamente bien.