miércoles, 15 de abril de 2009

Infancia corrupta


Es duro descubrir que tu propio hijo de siete años es un corrupto. A pequeña escala, pero corrupto.
Ayer se empeñó en enseñarme su colección de cromos de fútbol. Es asunto olía mal. Jamás le habíamos comprado un cromo y el sospechoso atesoraba ya una colección.
Según él, el del Kun Agüero se lo había dado su compañero Juan y el de Casillas, Sergio. Aparentemente todo era lógico y normal. Pero la pregunta clave, que no se hizo esperar, fue a cambio de qué. Vale, le habían dado los cromos, pero ¿ a cambió de qué?
Había dado en el clavo, pero Cascarrabias´ Kid se plantó. No me lo pensaba decir. Así lo dijo, sin titubear.
Comenzó el asedio sobre el sospechoso y tras emplear varias prácticas disuasorias aprobadas por el Convenio de Ginebra para los presos de guerra y otros métodos menos ortodoxos pero igualmente legales, sólo fui capaz de vencer la plaza con el argumento de que todos tenemos derecho a equivocarnos, que yo, su padre, me equivocaba todos los días, y que si pretendía saber cómo había conseguido los cromos, no era para reñirle ni castigarle, si no para orientarle. Eso y también que cometí el eror de prometerle un premio si cantaba, cuando nunca deben premiarse las actitudes punibles, como era el caso.
Tras tanta reticencia a confesar su culpa me ponía en lo peor. Qué no habría podido llegar a hacer Cascarrabias´ Kid por conseguir esos cromos.
Pues muy fácil: cambiaba cromos por conocimientos. Chivaba la solución de los problemas matemáticos a sus compañeros a cambio de los cromos que su querido padre, yo, nunca le había comprado.
Ahora no sé si debo estar contento por tener un hijo listo y emprendedor, reprenderle por obrar incorrectamente con las normas más elementales del colegio y de su formación, o reflexionar sobre la necesidad de dar a mis hijos de vez en cuando algunos de los caprichos que tienen sus compañeros de colegio, por muy estúpidos que me parezcan ,como es el caso de los cromos.
También tenía el escudo del Valencia y otro con toda la plantalla del Real Madrid.
Qué recuerdos.

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

Cuando yo era pequeño hacía algo parecido, pero con canicas. Lo de los cromos me parecía un rollo. Sin embargo las canicas de hueso me parecían una cosa preciosa y valían a duro. Era todo un triunfo conseguir una canica de hueso sin tener que pagar ¿Acuérdeste de les caniques de güesu?