jueves, 8 de octubre de 2009

Infancia y codicia



Que digo yo, que el Correa ese de la trama Gürtel de la que tanto se habla, cómo era de pequeño. ¿ fue un niño de buena familia o pasó penurias?, ¿ supo lo que es pelear con sus hermanos por el último resto de comida, se acostó alguna vez con hambre, se paraba en los escaparates de las confinterías como si mirase imposibles, iba al cole con remiendos, heredaba la ropa raída de sus hermanos mayores, sus libros de texto los habían escrito otros, acumulaba canicas como si fueran monedas de oro?, ¿ o tuvo una infancia plena, iba al parque con chacha, dejaba la comida en el plato sin que nadie le dijera nada, vestía como si todos los días fueran de primera comunión, tenía prohibido mancharse, tuvo los mejores juguetes antes que nadie, se aburría con el coche teledirigido a solas en su cuarto?

No lo sé. Pero si sé que la codicia, ese sentimiento tan extremo y debastador, tan obsesivo, se engendró en esos tempranos años, sean como hayan sido. A mayor escala, el delincuente que estamos conociendo, alimentó una semilla que estoy seguro que nacio en esos tempranos años.

Y eso es lo que me preocupa.

En mi infancia y en mi adolescencia, llevado por la codicia, cometí también acciones de las que me avergüenzo y sonrojo sólo con evocarlas. Afortunadamente, llegado a la edad adulta, he desarrollado un desapego asombroso por el dinero, la envidia y los bienes materiales. Pero sé, porque lo he vivido, que todo pudo ser de otra manera...

Y me preocupa porque tengo dos hijos en la edad de descubrir el mundo y transitar por todas las pasiones, incluida la peligrosa codicia. Cómo inculcarles que el dinero no es lo importante, cuando todos los estímulos les predican la opulencia. Cómo demostrales que el dinero es un medio, no un fin, cuando un cromo puede despartar la envidia más extrema. Cómo enseñarles que lo importante no es tener, sino conformarte con lo que tienes, cuando todo nunca es suficiente y los pequeños dioses reciben ofrendas y donativos todos los días.

Y si un día la fuente se agota, ¿ qué camino tomarán...?

1 comentario:

Ricardo Fernández dijo...

Cómo me identifico con esta reflexión. Sobre todo me encuentro reflejado en ese pasado que describes y en la evolución hasta el momento actual. No dejo de pensar también en cómo he de actuar ante una hipotética descendencia.